Secuela pandémica: La ceguera digital

 

Columna de Antonio Díaz Araujo y Sebastián Acuña
Socios de Unholster y fundadores de DecideChile

Desde nuestra vereda, la del mundo de los datos, procesos y software, exponemos una lista de oportunidades, que no tienen como objetivo revolucionar el Estado (¿o si?), sino modernizarlo paulatinamente para evitar prolongar nuestra estadía en este limbo entre una sociedad digital y un Estado analógico.

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Chile lleva 512 días bajo estado de excepción constitucional y, a estas alturas de 2021, ya son múltiples las autoridades, cartas al director y la misma ciudadanía que dan cuenta de muchas falencias que el contexto incertidumbre, que traspasa todos los hitos de la contingencia actual, no nos permite enfrentar e impactan negativamente la vida diaria de una gran mayoría de chilenos. ¿Pero es esto pandemia o ceguera?

Dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Después de más de año y medio de pandemia, estallido social, FOGAPE, IFE, retiros del 10% y variadas elecciones nos enfrentamos a un gran desafío: modernizar el Estado. Porque las filas en las notarías, las cinco horas de trámites en el aeropuerto para entrar a Chile o la crisis de las pensiones nos dejan muchas lecciones que si pasamos por alto y no logramos ver las oportunidades que van más allá de la tan anhelada salida de la crisis sanitaria, nos mantendrán en una ceguera digital que impedirá avanzar hacia un Estado que promueva una mejor calidad de vida a sus ciudadanos.

Desde nuestra vereda, la del mundo de los datos, procesos y software, exponemos una lista de oportunidades, que no tienen como objetivo revolucionar el Estado (¿o sí?), sino modernizarlo paulatinamente para evitar prolongar nuestra estadía en este limbo entre una sociedad digital y un Estado analógico.

  1. Cruzar el puente entre privacidad y uso de los datos. Se trata de entregar acceso a parte de mis datos al Estado (que ya los tiene) con el fin de poder acceder a algunos de sus servicios en forma expedita. Para lograrlo, el respeto a la privacidad es clave y materia que se debe abordar, pero no podemos seguir viviendo en un mundo donde los servicios públicos son islas y nadie logra una vista global de las políticas públicas que se quieren implementar o medir.

  2. Beneficios sociales que lleguen a puerto. Por ejemplo, ¿cuánto más rápido se podría entregar el FOGAPE y/o IFE con sistemas interconectados? Si dejamos a un lado la actual crisis sanitaria, es un hecho que Chile cada cierto tiempo es zamarreado por alguna catástrofe y hace evidente la necesidad de digitalizarnos. ¿Dar ese paso genera mayor temor que eventualmente ser uno de los afectados y no poder pedir un SOS oportuno? En un mundo ideal, considerando que Chile cuenta con cerca de 17 millones de celulares, todos podrían contar con un botón de emergencia para activar, ante un desastre, una aplicación en la que puedo dar cuenta del estado de salud y las necesidades de mi familia.

  3. Donde vivo, recibo los beneficios del Estado: tan básico como eso. La obligación, al igual que en cualquier país desarrollado, de decir dónde efectivamente resido. Pero tenemos que poder usar los datos de los chilenos, anónimamente, para acelerar la llegada a los que la necesitan. ¿Pero cómo saber que necesitan, si no sé a ciencia cierta donde viven?

  4. Digitalizar el cumplimiento de la ley: la pandemia mostró como Comisaría Virtual fue un servicio utilizado con todo tipo de propósitos (muchas verdaderos y muchos falsos). Pero cuesta creer que servicios de economía colaborativa tuvieran permisos de movilidad (no todas esas aplicaciones cuentan con un ámbito de operación legal), y para un jardinero o un gasfíter estuviese vetado; o el uso de la fuerza policial en fines de semana largo pasando partes o solicitando a automovilistas su retorno. ¿En un país con registro civil, padrón automotriz, comisaria virtual y pórticos de carretera es imposible implementar la multa virtual y centrar al cuerpo policial en evitar atracos o portonazos?

  5. Trazabilidad: quien la crea sólo una medida requerida en pandemia, tiene mirada a corto plazo. ¿En caso de un terremoto, tsunami o incendio, quiero saber donde están los afectados o perder tiempo y recursos en investigar donde viven? La Onemi debiera contar con una app instalada en los teléfonos que se vendan en Chile y auditada por la sociedad civil. En un mundo aún mejor, los municipios podrían tener un canal de comunicación por esta vía con sus vecinos para dar cuenta de sus necesidades.

  6. Interacción con el ecosistema: la legislación que regula notarías, bancos, farmacias y compañías de seguros requiere mejoras. Vivimos en el reino de la boleta y factura digital; del RUT, que todo lo controla. Nuestro carné de identidad tiene mecanismos de seguridad con estándares internacionales. Pero para vender o comprar un auto, o desvincular a un colaborador o renunciar a una pega, hay que pasar por la pesadilla de horas en una notaría. En las puertas de los bancos hay interminables filas, hace meses, para gestiones tan simples como firmar un anexo de contrato o sacar una tarjeta de débito. Se creó la receta digital, pero en realidad es una normal; el médico pone un número y la escanea; luego la farmacia solicita su envío a un correo electrónico o compartirla por WhatsApp donde la imprimen. Eso no es digitalizar, es sólo burocracia mental y cero foco en el usuario final.

  7. El registro civil: debería ser la puerta de entrada al Estado Digital, donde con actualizar una vez mi información, se propague a los demás servicios. Donde reservar una hora, no se transforma en una hoja impresa que la maneja el guardia, que a su vez le pasa el mensaje a uno de los funcionarios que atiende al público. ¿Cómo no poder renovar el carné de identidad en forma remota o el pasaporte? ¿Qué es tan esencial que se hace en esa visita que sea requerida todas las veces?

  8. Servel: un lujo operativo y de credibilidad en nuestras elecciones, pero que tiene que dar otro paso en su aporte a la democracia: convertirse en un canal de información para que cualquier candidato pueda crear el contenido de su campaña. No tiene para qué entregar información con el nivel de detalle que se hace ahora, cada vez que publica el padrón, pero puede aportar información a la política para sintonizar mejor con los ciudadanos. ¿Cómo vamos a ayudar a los chilenos que no votan (6 de cada 10 no lo hacen) a hacerlo en el plebiscito de salida? Direcciones incorrectas, errores de cambio de direcciones, afiliación a partidos políticos que según los ciudadanos nunca hicieron.

Se nos vienen décadas con demandas profundas por cambios, recursos limitados y una necesidad explícita por velocidad. Eso no va a funcionar si el Estado chileno sigue siendo un comprador compulsivo de soluciones tecnológicas que trata de arma como un LEGO. En algún momento se tiene que transformar en dueño del software que produce y salirse del modelo de comprar soluciones llave en mano cada cierto tiempo.

No hay peor ciego que el que no quiere ver, ojalá candidatas y candidatos a las parlamentarias consideren que tan importante como un retiro o un IFE, es contar con un Estado que sea un aporte y que hoy es análogo en una sociedad completamente digital. Esto no es novedad, pero no lo queremos ver al parecer.