Estudio impulsado por directores de empresa: la élite subestima la brecha entre su realidad y la que se vive en comunas de estratos medio y bajo

 
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El Círculo de Directores y la firma de big data Unholster se dieron a la tarea de investigar cuánto hay de mito en que la elite está desconectada de la realidad del país. ¿El resultado? No percibe en su real magnitud las desigualdades en ingresos, patrimonio, acceso a la salud, calidad de vida y educación que hay en Chile. Azucena González

“Detrás de la democratización del consumo se esconden enormes diferencias en ingreso y patrimonio, que son mucho más grandes que las que percibimos en el día a día”, dice Alfredo Enrione, fundador del Círculo de Directores, entidad surgida con el apoyo del Centro de Gobierno Corporativo y Sociedad del ESE Business School de la Universidad de los Andes. Y resume una de las conclusiones a las que arribó un inédito estudio que hizo la entidad.

Es que esta organización, que reúne a los directores de las empresas más gravitantes del país, acometió una investigación en conjunto con la firma Unholster, empresa de big data y data science. El contexto y motivaciones se vinculan con el 18 de octubre del año pasado y la crisis social, y tienen que ver con la idea que se instaló de que la elite en todos los sectores —académico, comunicacional, empresarial y político, entre otros— tiene una desconexión con la realidad país, lo que “ha permeado profundamente a nuestra comunidad nacional”, plantea el trabajo, y fue el “incentivo” para salir a confirmar cuánto de mito y de realidad hay en ello.

“En el Círculo de Directores, después del 18 de octubre, organizamos una serie de reflexiones para tratar de entender por qué había pasado. Y uno de los temas que surgió es que en la población había una percepción de que la elite estaba un poco desconectada de las realidades. Con esta inquietud surgió la pregunta”, refrenda Alfredo Enrione, presidente del Círculo de Directores.

Para elaborar la investigación, los gestores encuestaron a un conjunto de líderes de opinión tomadores de decisiones —cuyas respuestas se consideran agregadas, sin individualizar personas— sobre temas y preguntas que tuvieran la particularidad de que luego pudieran ser contrastadas con la realidad, con fuentes objetivas. La muestra fue integrada por empresarios y también políticos en ejercicio, comunicadores, académicos; en suma, líderes de opinión que son considerados parte de la elite chilena. El período de recolección de esta información fue entre el 25 de agosto y el 11 de septiembre. En la muestra, el 70% son actores del mundo empresarial, 69% hombres y 71% están entre los 45 y 64 años.

Luego, para contrastar aquellas apreciaciones, la investigación tuvo que levantar data de diversas fuentes públicas como la CMF, Registro Civil, INE, Casen, Censo, SII, Banco Mundial, entre muchas, para dar con información precisa en torno a la desigualdad económica medible: de ingresos, riqueza o patrimonio, y consumo.

“Los datos son el camino para construir Chile. Independiente de lo que ocurra en el plebiscito, es clave entender las percepciones versus la realidad. Para quienes trabajamos con datos, hay percepciones que distan mucho de la realidad y eso habla mal de Chile. No podemos seguir engañándonos”, dice Antonio Díaz-Araujo, gerente general de Unholster.

Para el trabajo, también sus autores ordenaron todas las comunas del paísdesde la más rica a la más pobre, para luego tomar como referente ambos extremos y la mitad de la tabla. Por ejemplo, para algunos cálculos se consideraron en el extremo alto como referencia Lo Barnechea, Vitacura o Las Condes; en la medianía de la tabla, El Bosque, San Bernardo, Quinta Normal o Chillán, y al final de la lista, comunas como Lebu, Alto Biobío o Ercilla.

¿Qué arrojó el trabajo?

En el plano más general, la mayoría (65%) concede que la desigualdad debiera estar entre los temas más importantes en los debates de política pública y los problemas a resolver en el país y el 16% dice que es el tema más importante. En el detalle, la desigualdad de educación y empleo es la que lidera las problemáticas (43% así lo contestó), le sigue la desigualdad de oportunidades (33%) y solo en tercer lugar aparece la desigualdad económica (de riqueza, ingreso o consumo), con el 13%.

En el detalle, al abordar la distribución de ingresos, el resultado fue bastante lapidario, pues la elite subestima la situación de la población de menores ingresos.“Nunca lo dimensionamos con la magnitud que salió en el estudio”, precisa Antonio Díaz Araujo.

Tomando los parámetros que el Banco Mundial define como clase media —es decir, ingreso per cápita mensual de entre $160 mil y $800 mil—, se les pidió a los encuestados que indicaran qué porcentaje de la población estaba en estos umbrales. La percepción de la elite, el promedio de los consultados, apuntó a que el 25% es clase baja, el 57% está entre esos umbrales de clase media, y el 18% es clase acomodada. O sea, que los ingresos se distribuyen alrededor de una gran clase media.

Pero al contrastar con la realidad, se observa que esa visión no se condice con los datos: 77% es clase baja, solo el 20% clase media y el 3% es clase acomodada (ver infografía). En palabras de las propias conclusiones del estudio, “el promedio se construye a partir de muchos que ganan poco y pocos que ganan bastante. La clase media no es mayoría”, dice el informe.

Luego, al preguntar por el valor de la vivienda, la percepción de la elite (lo que el promedio contestó) apunta a que el avalúo fiscal de la vivienda del nivel socioeconómico bajo está en torno a los $27 millones, y la del nivel medio está casi en $84 millones. Pero nuevamente la realidad choca con tales creencias: en el grupo bajo, el valor de la vivienda escasamente supera los $7 millones y en el grupo medio, los $23 millones. O sea, de nuevo la elite cree que las viviendas de esos grupos tienen un valor mayor que el que realmente tienen. “De acuerdo a la percepción de la élite, el valor de una vivienda promedio en una comuna como Quinta Normal es poco más de un tercio de aquella donde viven ellos, y en el caso de una comuna de grupo bajo, la relación sería de uno a ocho. Sin embargo, en realidad la relación es de uno a nueve, y de uno a 30 en los sectores medio y bajo, respectivamente”, constata el informe.

Curiosamente, cuando se pregunta por consumo —en este caso, consumo eléctrico—, los valores son cercanos a la realidad.

“La élite estima los niveles de desigualdad y de bienestar a partir de la dimensión que es más ‘visible’: el consumo. Este es el espacio más inclusivo y de mayor igualdad en la población. Sin embargo, esconde desigualdades más profundas que afectan nuestra sociedad. Consumir ‘igualitariamente’ con grandes desigualdades de ingresos implica altos niveles de endeudamiento en los segmentos menos acomodados. Asimismo, la capacidad de ahorro y de construir patrimonio es tremendamente desigual”, constata el estudio.

Con los resultados en mano, Alfredo Enrione reconoce que el trabajo es autocrítico, y lo destaca. “Es una visión rigurosa y autocrítica. Creemos que Chile está en un momento muy importante y decisivo, donde vamos a empezar a conversar sobre el Chile que queremos, pero necesitamos hacerlo sobre la base de datos reales y no desde nuestros prejuicios y percepciones, que son poco precisos”, dice.

Y añade: “Nos imaginábamos una sociedad como una campana, donde la clase media es mayoría y está al medio (...) Pero esa no es la distribución. Lo que para mí se revela es que nuestra percepción de clase media es de gente más rica que lo que realmente es. O sea, nuestra clase media es mucho más pobre y frágil que la que desde la elite percibimos.”

En el acceso a isapre, la elite sobreestima el acceso al sistema de seguro privado en el estrato bajo y medio: en el estrato bajo, la elite cree que es el 8% y la realidad es cero. Y en el mediano cree que es el 39%, cuando en realidad es solo el 18%. “La elite no se ha dado cuenta de que la amplia mayoría de la población depende de la salud pública y la discusión sobre la industria de la salud privada y las isapres se circunscribe casi exclusivamente a los niveles socioeconómicos más altos”, advierte el informe.

En expectativa de vida, a la inversa, los datos reales son mejores que la percepción que tiene la elite. Aun así, hay datos que relevan diferencias según la comuna en la que se viva: en Vitacura es de 80 años; en Quinta Normal 74 años y en Alto Biobío 61 años.

Algo similar es la situación que ocurre con los metros cuadrados disponibles en el hogar, pues la elite cree que las condiciones son más restringidas en los hogares del grupo bajo: 10 metros por persona, frente a 20 metros que muestran los datos, mientras en el grupo medio dieron en el clavo: 26 metros por persona.

Al abordar la igualdad de oportunidades, la elite sobreestima la proporción de personas del nivel bajo y medio que completan la educación superior (profesional o técnica). Como dato: En Vitacura el 62% de la población adulta posee educación superior completa, mientras que en Quinta Normal es el 19% y en Alto Biobío el 7%.

La meritocracia se ha ido instalando en el mundo laboral

Si bien estos datos muestran que la desigualdad es mayor en la esfera económica que lo que creen las elites, la meritocracia se ha ido instalando en el mundo laboral.

Con datos de la CMF, los investigadores levantaron los datos de todos quienes hoy ocupan altos cargos en las grandes empresas (socio, director, gerente, subgerente), constatándose que solo el 7% es ocupado por hombres “con apellido de elite”, pero la elite percibe que es mucho más, el 55%.

En cuanto al género sucede algo parecido: la elite cree que el 23% de los altos cargos en grandes empresas son mujeres, pero resulta que son más: 31%. Con los pueblos originarios, en cambio, la elite sobreestima, pues cree que personas con apellido de pueblo originario ocupan el 6% de los cargos, pero en realidad es solo el 2%.

Es en el consumo donde se advierten menos diferencias y donde se da el espacio más inclusivo, según el estudio. Pero consumir “igualitariamente” con grandes desigualdades de ingresos implica altos niveles de endeudamiento en los segmentos menos acomodados. Asimismo, la capacidad de ahorro y de construir patrimonio es tremendamente desigual, constata la investigación.