La Generación del Plebiscito, aún decisiva 30 años después

 
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Sebastián Acuña, Ignacio Badal, Antonio Díaz y Cristóbal Huneeus

El siguiente es un ensayo de los ingenieros Sebastián Acuña, Antonio Díaz y Cristóbal Hunneus, quienes, junto al periodista Ignacio Badal, utilizaron herramientas de big data para establecer cuán importante siguen siendo hoy los votantes que fueron a las urnas el 5 de octubre de 1988, como parte de un libro que preparan para el próximo año sobre las lecciones que dejan los comicios presidenciales del 2014 para los que se celebrarán en 2020.

Hace 30 años, el 5 octubre de 1988, se realizó un plebiscito que partió al electorado chileno en casi dos mitades. En la papeleta no había una pregunta, sino un título en el extremo superior: “Plebiscito-Presidente de la República”, un nombre en el centro: “Augusto Pinochet Ugarte”, y dos guiones bajo los cuales había dos opciones: “Sí” y “No”.

Ese día, se cristalizó lo que ya venía reflejándose en encuestas y manifestaciones: La derecha se ubicaba del lado del Sí, es decir, que apoyaba que el general Pinochet se mantuviera ocho años más en el poder, y el centro y la izquierda del lado del No. Una división que marcó los 28 años de democracia posteriores a la dictadura, y que sólo en la última elección parlamentaria de 2017 fue de alguna manera rota por la irrupción de una nueva izquierda representada por el Frente Amplio.

Pero en esta reflexión no nos centraremos en los resultados de ese referendo, sino en las consecuencias electorales que tuvo: Los ciudadanos que ese día votaron no sólo incidieron ese día con su voto, sino que esos electores han seguido marcando la pauta de los procesos electorales posteriores, es decir, su incidencia permanece y es vital hasta nuestros días. La idea entonces es mirar las elecciones presidenciales del 2017 a través de los ojos de la generación que votó en el plebiscito de 1988. En particular, estimaremos cuál es la probabilidad de que un chileno que sufragó hace 30 años en ese referendo (por ser mayor de edad) haya votado por cada uno de los candidatos que hubo en la elección pasada o no, contra otro votante que llegó a la mayoría de edad después.[1]

Antes de ese icónico 5 de octubre hubo un proceso de inscripción electoral, el más masivo de la historia chilena, que se desarrolló en plena dictadura y sin campaña de promoción, sino sólo con la información de los medios. Así y todo, el 92% de la población mayor de 18 años hizo el trámite de concurrir a una oficina electoral e inscribirse, según su lugar de residencia. Al registrar su nombre, RUT, firma y huella digital, pasaba a estar obligado a sufragar. La franja propagandística previa al plebiscito se empezó a transmitir inmediatamente después de que cerraran los registros electorales 30 días antes del plebiscito. El día de la votación, concurrió a sufragar el 97,5% de los inscritos, un fenómeno nunca visto en el país. En cifras, se inscribieron 7,44 millones de chilenos y votaron 7,25 millones.

Lamentablemente, esa impecable conducta cívica se fue desvaneciendo con los años, hasta llegar a la última elección presidencial, en la que sólo el 46% del padrón electoral llegó a la urna. En las últimas elecciones, el padrón electoral era de 14,3 millones y votaron 6,7 millones en la primera vuelta.

Pero lo que no ha cambiado mucho con los años es la participación de esa “Generación del Plebiscito”, que en 1988 tenía 18 años o más, que en total fueron 7,2 millones de votantes. Dada una tasa de mortalidad media aproximada de 80 mil personas al año, quiere decir que de esa cifra, alrededor de 4,8 millones aún viven 30 años después.

 

30 años no es nada

Existe abundante evidencia que indica que una persona que vota en una elección es más proclive a votar en la siguiente. Y con esa generación ha seguido ocurriendo.

Analizaremos los resultados electorales de 2017 para relevar lo que representa ese tramo etario respecto a la que llamaremos la “Generación de la Nueva Democracia”, aquellos que se integraron después del hito del 5 de octubre de 1988, que son alrededor de 9 millones de votantes más (descontando quienes fallecieron). Para ello usaremos herramientas de Big Data, apoyados en la plataforma de la empresa Unholster, sobre la base de datos públicos publicados por el Servicio Electoral del padrón electoral de 2009 (tomando en cuenta que muy pocos chilenos se inscribieron en los registros entre 1988 y 2009)  y del 2017. 

Con la información del padrón de 2009, donde se publicó la fecha de nacimiento de los inscritos, pudimos estimar la edad de aquellos en 2017 y calcular la composición etaria por cada mesa. Acto seguido clasificamos a los chilenos en menores y mayores de 50 años. Este último grupo es el que calificamos como la “Generación del Plebiscito” y que representó el 40% del padrón electoral del 2017.

Como los datos generalmente no hablan por sí solos, con esta información y los resultados por mesa, estimamos un modelo de elección discreta donde el individuo elige entre 9 opciones: no votar y votar por uno de los 8 candidatos del 2017. Para facilitar la estimación, agrupamos los 4 candidatos con menos votos en una opción y estimamos el modelo para cada comuna por separado. Estimar el modelo por comuna hace una gran diferencia, porque permite por ejemplo determinar si la probabilidad de votar por Beatriz Sánchez, o no votar, para los menores de 50 años pueda ser diferente en la comuna de Puente Alto que en la de Providencia. Esta diferencia por comuna en las probabilidades se puede deber a un conjunto de factores; uno de ellos es la diferencia en la composición de los inscritos, por ejemplo por su nivel de educación.  

 

Los más movilizados

Un 50,7% de la Generación del Plebiscito votó en la primera vuelta electoral del 2017 y sólo un 38,8% de la Generación de la Nueva Democracia. Así, la generación de los pre-88 representó el 46% del total de los votos válidamente emitidos y la posterior, el 54%. Es decir, los que tenían 18 años en 1988 representan casi la mitad de los que votan pese a que su volumen de votos es mucho menor.

Existe una gran diferencia por comunas. En Las Condes, por ejemplo, un 68,4% de la Generación del Plebiscito votó en la primera vuelta, comparado con el 48,4% en Valparaíso, el 49,9% de Antofagasta, el 45,5% en Estación Central y el 49,6% en Chillán.  

Para la segunda vuelta, la Generación del Plebiscito se sintió aún más movilizada que la Generación de la Nueva Democracia, quizás por el efecto de “ChileZuela”, el debate entre Piñera y Guillier, o la famosa frase del candidato de la Nueva Mayoría de “meter la mano al bolsillo a los que concentran el ingreso”. Lo concreto es que, en el balotaje, la Generación del Plebiscito aumentó su participación en casi 8 puntos porcentuales, subiendo al 58,2%, mientras que la de la Nueva Democracia la elevó menos de tres puntos porcentuales, a 41,5%. Por tanto, el 47,5% de los votos válidamente emitidos provinieron de la Generación del Plebiscito, casi dos puntos porcentuales más que en la primera vuelta.

 El alza en la participación de la Generación del Plebiscito entre la primera y la segunda vuelta creció más fuera de la Región Metropolitana, especialmente en zonas rurales y del sur. Entre las 20 comunas donde más creció su participación destacan Zapallar, Negrete, San Pedro y Contulmo con tasas de crecimiento de más de 35%.

Candidato antiguo, votante antiguo

De acuerdo con los resultados del modelo, en la primera vuelta Piñera obtuvo el 44,4% de los votos de la Generación del Plebiscito y el 32,9% de la Nueva Democracia. Guillier alcanzó un 30,1% de la primera y 17,9% de la segunda. Por tanto, más de la mitad de los votos válidamente emitidos para estos candidatos provino de la Generación del Plebiscito, aunque proporcionalmente más en el caso de Guillier. En la Generación del Plebiscito, Piñera obtuvo una votación muy cercana a la que registró en la primera vuelta del 2009, donde llegó al 44,1% de las preferencias. Fue en la Generación de la Nueva Democracia donde Piñera obtuvo un resultado muy inferior al esperado, pese a ser finalmente el vencedor. Recordemos que las encuestas que se hicieron antes de la primera vuelta le daban alrededor de un 45%.

Al revés les ocurrió a Beatriz Sánchez y a José Antonio Kast. A la candidata del Frente Amplio le fue mejor con los post-88, donde obtuvo el 31,2%, mientras que en los más viejos sólo alcanzó al 10,5%. Kast, por su parte, también le fue mejor con la Generación de la Nueva Democracia: tuvo un 11,1% vs 5,4% de la Generación del Plebiscito. En ambos casos, más de la mitad de sus votos vinieron de la Generación de la Nueva Democracia.  

Así, el paso a la segunda vuelta de Guillier fue consecuencia de la Generación del Plebiscito. Para Sánchez, dado su alejamiento de la Concertación, le permitió atraer muchos votos de la Generación de la Nueva Democracia, pero le costó los votos del grupo pre-88.

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Aunque no fue posible acceder a los resultados por mesa del plebiscito, sí es posible observar a nivel de comuna la relación entre los resultados del 5 de octubre de 1988 y cómo votó la Generación del Plebiscito en las elecciones del 2017. De allí surgen algunas conclusiones. Por ejemplo: Existe una correlación negativa entre la votación del No por comuna y la votación que obtuvo Piñera en la Generación del Plebiscito. Es decir, en las comunas donde mejor le fue al No, a Piñera le fue peor con los pre-88 en la primera vuelta. Además, en las comunas donde le fue menos bien al No, mayor fue la votación de Piñera en la Generación del Plebiscito. O sea, que a pesar de que Piñera votó No, gran parte de su votación con los votantes co generacionales proviene de gente que votó por el Sí.

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Votación por candidatos en balotaje del 2017

Para el balotaje del 2017, en la Generación de la Nueva Democracia, Piñera obtuvo el 55,5% de las preferencias y Guillier el 44,5%, una diferencia de más de 10 puntos porcentuales. En la Generación del Plebiscito, la diferencia se estrecha: Piñera logró el 53,7%, una diferencia de 7,4 puntos respecto a Guillier, quien obtuvo el 46,3%. 

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Piñera obtuvo un poco más de la mitad de sus votos en el balotaje gracias a la Generación de la Nueva Democracia, a diferencia de la primera vuelta. Con Guillier pasó lo mismo. Mirando los resultados por comuna, se observa que Piñera obtuvo en Vitacura el 88,9% de las preferencias de la Generación del Plebiscito, en Las Condes el 80,1% y en Los Ángeles el 68,3%. En cambio, en La Pintana obtuvo el 40,7% de las preferencias de esta generación, en Punta Arenas el 38,7% y en San Antonio, el 38,2%.

 

La Generación del 5 de octubre: cómo unos pocos valen mucho

De este análisis podemos sacar al menos tres conclusiones.

Primero, la Generación del Plebiscito fue incidente en la pasada elección, a pesar de ser minoría. Aunque hoy representa menos del 40% de los inscritos, tuvo una mayor tasa de participación, tanto en la primera como en la segunda vuelta que la Generación de la Nueva Democracia y, por lo tanto, en términos de votos representó poco menos de la mitad de los que fueron a votar y un poco menos de la mitad de los votos del actual presidente. Piñera obtuvo la primera mayoría de esta generación tanto en la primera como en la segunda vuelta. Además, en la primera vuelta sacó más votos de esta generación en las comunas donde mejor le fue al Sí en 1988. Sin lugar a dudas, es difícil que hubiera pasado a segunda vuelta y haberla ganado como lo hizo sin haber convencido a los votantes de esta generación.

Segundo, la Generación de la Nueva Democracia tuvo un comportamiento diferente en la primera y segunda vuelta. En la primera, se movió casi en los mismos porcentajes entre dos fuerzas políticas bastante dispares entre sí, la centroderecha del actual presidente (32,9%) y la izquierda frenteamplista de Sánchez (31,2%).

En tanto, para la segunda vuelta, este grupo post-88 se inclinó por Piñera, quien se situó 10 puntos por encima de Guillier, evidenciando claramente que los votos de Sánchez no se traspasaron 100% al candidato de la Nueva Mayoría.

Finalmente, se identifica el quiebre generacional en la centro izquierda en términos electorales, porque la Generación del Plebiscito y la de la Nueva Democracia votaron distinto en la primera vuelta del 2017. La generación pre-88 eligió al candidato que representaba la continuidad de la coalición de gobierno. La generación post-88 se inclinó por una candidata que venía de fuera de los partidos y de la política. Esta división no se observó con la misma magnitud en la segunda vuelta, donde ambas generaciones votaron de forma muy similar por ambos candidatos. Entonces, si fuera por la Generación de la Nueva Democracia, la candidata Sánchez habría pasado a segunda vuelta y no Guillier.

Si la centro izquierda quiere volver a ser competitiva en los futuros comicios, deberá reconocer que esta división de su electorado no es producto de la elección recién pasada, sino que ocurrió lentamente durante mucho tiempo. Y probablemente sus razones hay que empezar a buscarlas en la no inscripción en los registros electorales de los jóvenes que llegaban a los 18 años entre 1988 y 2012, cuando comenzó la inscripción automática y el voto voluntario. Entender bien tal fenómeno puede ser un buen punto de partida.

El desafío en la centro derecha, por su parte, es similar, pues está por verse si existe más allá de Piñera, pues esto significa tener uno o varios candidatos que puedan hablarle a estas dos generaciones que les ha tocado vivir momentos tan diferentes de la historia de Chile.  


[1] Asumimos por simplicidad que todos los mayores de edad votaron.

 
Constanza Herrera